¡Aoquic iez in Mexico! ¡Ya México no existirá más!


Una mirada frenética recorre la convulsa Ciudad de México, metrópolis colosal sostenida por el mito del mestizaje y otras violencias coloniales. Pasado y presente tejen una ráfaga de imágenes; memorias fragmentadas de este territorio. Deidades antiguas que se encarnan, sueños que se desdoblan entre la intimidad, la complicidad y el tumulto. Una película errática que nos invita a reimaginar la compleja relación que sostenemos con la “mexicanidad”.

Ficha técnica

  • Título original: ¡Aoquic iez in Mexico! ¡Ya México no existirás más!
  • Dirección: Annalisa D. Quagliata Blanco
  • País e idioma: México. Español, nahuatl
  • Año: 2024
  • Duración: 80 minutos.
  • Programa: Acervo
  • Edición: 2026
  • Distribución: N/A

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Críticas

A través de cinco capítulos, Quagliata construye una visión de México personal y corporal que está hecha para expandirse. Habla de una visión muy particular, de una vivencia específica, de un cuerpo puesto en fílmico. Este cuerpo está atravesado por símbolos que, desde la Ciudad de México, crean intensas correspondencias con la identidad de lo mexicano. Los dioses antiguos se despiertan, desde la violencia de los mapas, desde la Colonia como una operación de reemplazamiento, de destrucción de lo anterior, hasta su renacer en la jungla de concreto, esparciendo significados.

A Quagliata no le interesa la “inexistencia” en el sentido de dejar de existir en un momento fechable (ni siquiera la caída fechable de Tenochtitlán en 1521) y menos aún en el sentido de “no ser”, o en términos de la fragilidad ontológica que es importante para Uranga. Está más bien interesada en el estado de encontrarse fuera del tiempo propio de la creación de mitos: en las necesidades y deseos transtemporales que sustentan la narración de mitos.

Hay un espíritu del rock para explicar el mundo del presente que tiene ¡Aoquic iez in Mexico! (¡Ya México no existirá más!) (2024, Annalisa D. Quagliata Blanco), una película que retoma aquel lema de no arrepentirse de nada, y no pedir perdón. Cinco episodios de rabia intentan asir la historia de México, en un complejo movimiento de sintetizar, de contraer cosas enormes en símbolos, pero al mismo tiempo expandirlo, con un montaje que no termina, que no frena, que no da respiro.

Alonso Díaz de la Vega

La identidad de una nación, no captada con inteligencia ensayística, pero congregada a partir de sus signos. Es difícil decir de cierto si el maíz, el tamal, la lotería, el metro, los mercados de flores y las estaciones de radio son signos únicos de lo mexicano, pero en conjunto forman una fiesta que sugiere la Ciudad de México; un laberinto, si se quiere, pero no de lo solitario, sino de la comunidad en movimiento y en cambio.

El porvenir es la imagen que surge de dos imágenes contrapuestas, se me ocurre de pronto. Construir una ciudad es también demolerla. Saber quiénes somos: una coreografía incierta, una línea en busca de un parto. Vuelvo a mi cuerpo. Camino hacia la calle. Afuera: los automóviles, el hombre que vende tacos, el puesto de gelish. Subo al metro: estación San Cosme. Es como si lo que quedó suspendido en la película avanzara.