La hora de la estrella


Macabéa acaba de mudarse a la gran ciudad tras la muerte de su tía, quien la crió. Consigue trabajo como mecanógrafa y se instala en una pensión con otras tres mujeres. En su tiempo libre, escucha una emisora ​​de radio y los domingos, le gusta viajar en metro. Entonces conoce a Olímpico, un joven del noreste como ella, que sueña con ser congresista y con quien comienza una relación. Basada en la obra homónima de Clarice Lispector.

Ficha técnica

  • Título original: A hora da Estrela
  • Dirección: Suzana Amaral
  • Interpretes: Marcelia Cartazo, José Dumont, Fernanda Montenegro, Tamara Taxman, Denoy de Oliveira
  • País e idioma: Brasil. Portugués
  • Año: 1985
  • Duración: 97 minutos
  • Programa: Reencuentros
  • Edición: 2026
  • Distribución: El inicio cine
  • Notas de restauración: Restauración 4K realizada por Vitrine Films

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Críticas

Precisamente el rol de la mujer —y la violencia estructural que atraviesa sus vidas— ocupa un lugar central en la lectura que la actriz hace de esta historia cuatro décadas después. “Aquí en Brasil, sé qué pasa en muchos lugares, pero hablo más de mi país, estamos teniendo un índice muy alto de feminicidios. Cuando se pone atención a esos casos, en su mayoría, son de personas que están un poco mejor posicionadas en la sociedad, que están en las primeras páginas de los periódicos, de las televisiones, internet y todo lo demás. Y las otras que no tenemos la oportunidad de ver son las que están invisibilizadas. Las mujeres podemos ser extremadamente vulnerables en cuestiones sociales, pero somos incontables, somos mayoría en este planeta. Por eso creo que debemos reunirnos, unirnos para que todas tengamos una voz”, señaló.

El narrador de La hora de la estrella opera en la construcción del personaje contra la corriente hegemónica de la novela: lo hace por sustracción y no por acumulación dinámica. En vez de acumular elementos significativos para la caracterización (según la ortodoxia), despoja al personaje de todo aquello que contribuiría a perfilar una personalidad: «Su vida era una extensa meditación sobre la nada… necesitaba de los otros para creer en sí misma, si no se perdería en los sucesivos vacíos circulares que había en ella». Priva a Macabéa –al menos en la superficie– del más mínimo rasgo psicológico reseñable, de toda complejidad potencial, hasta el extremo de la animalización.