En torno al Pont Neuf, pese a su nombre, el puente más antiguo de París, se desarrolla una fascinante historia de amor entre dos vagabundos: Alex y Michelle. Él es un frustrado artista de circo a causa de su adicción al alcohol, y ella es una pintora que ha sufrido una dolorosa ruptura sentimental y, además, se está quedando ciega. Entre ellos nace un sentimiento cada vez más fuerte de mutua dependencia.
Ficha técnica
- Título original: Les amants du Pont-Neuf
- Dirección: Leos Carax
- Interpretes: Juliette Binoche, Denis Lavant, Klaus Michael Grüber, Edith Scob
- País e idioma: Francia. Francés
- Año: 1991
- Duración: 125 minutos
- Programa: Transgresiones
- Edición: 2026
- Distribución: PIANO
- Notas de restauración: Restauración 4K por StudioCanal para reestreno en salas y distribución doméstica por Janus Films

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Críticas
Hay algo incómodo y magnético en Los amantes del Pont-Neuf. Algo que nos hace sentir sucios, amados y abandonados en menos de dos horas. Leos Carax no hace cine para que lo entendamos con la cabeza; lo suyo es un vaivén completo de sentidos . Y esta película —estrenada en 1991 con todos los excesos posibles— es un retrato tan honesto como delirante sobre el amor y sus contradicciones. Es inevitable salir del cine preguntándote: ¿el amor de verdad nos salva, o solo termina por consumirnos?
El cine de Carax es un acontecimiento suntuoso que llega a un momento simétrico con el momento gancieno. Carax, seguro de sí y en estado de mutismo, es testigo del fin del cine sonoro del mismo modo que Gance, embriagado de sí mismo y verboso, lo fue del cine mudo. Entre Napoleón y El fin del mundo, antes de Mater Dolorosa, Un gran amor de Beethoven y La Vénus ciega, las películas de Gance muestran y subliman una verdadera amenaza para los órganos de los sentidos. Momento ambiguo en el que el cineasta -habiendo cuidadosamente hecho el vacío en torno suyo- tiene que hacer dos películas en una: la de la invalidez física de los personajes y la de los poderes milagrosos del cine, esta última como salvación de la primera. Ya en Gance: fin del mundo, gases mortales, ceguera, sordera. En Carax: ceguera, sida, automutilación, desequilibrio e higienismo enfermizo. ¿Está haciendo Carax el cine genciano del “fin de la cinefilia”? ¿Se entrega a los trabajos prácticos de un salvataje interminable? ¿O se trata, definitivamente, de “redención”?
La bella artista plástica de Los amantes del Pont Neuf (acaso nuestra Luces de la ciudad) es una figura inolvidable para la mayoría de los cinéfilos de mi generación. Encontrarse con un objeto como esta película en una sala comercial era, para aquel tiempo, una anomalía: un romance entre vagabundos, París convertida en una fantasía saturada de lirismo trágico y ominoso pero también sumergida, fugazmente, en una realidad intolerable que bastaba para sentir el espesor de lo real en el ojo y salir de la sala extenuado por la amargura de existir. Ver a los moribundos tomar un baño en un centro de asistencia parisino invitaba al calambre que debería producir el sufrimiento ajeno. Esos planos de cuerpos devastados es el fuera de campo fundacional de toda la obra de Carax, incluso más que los misteriosos bombardeos del comienzo de Pola X.


