Rocco y sus hermanos


Rosaria y sus cuatro hijos (Simone, Rocco, Ciro y Luca) abandonan su tierra natal, Lucania (la actual Basilicata), para emigrar a Milán en busca de trabajo y oportunidades que les permitan mejorar sus condiciones de vida. Allí se encontrarán a Vincenzo, el hermano mayor, que trabaja de albañil pero que está relacionado con el mundo del boxeo. Sin embargo, cuando dos de los cinco hijos se convierten en rivales amorosos, la violencia los arrastra a consecuencias fatales.

Ficha técnica

  • Título original: Rocco e i suoi fratelli
  • Dirección: Luchino Visconti
  • Interpretes: Alain Delon, Renato Salvatori, Annie Girardot, Claudia Cardinale, Katina Paxinou, Alessandra Panaro, Spiro Focás, Max Cartir, Corado Pani
  • País e idioma: Italia-Francia. Italiano
  • Año: 1960
  • Duración: 170 minutos
  • Programa: Reencuentros
  • Edición: 2026
  • Distribución: FDR
  • Notas de restauración: Restauración 4K realizada por la Cineteca di Bologna en el Laboratorio L’Immagine Ritrovata en asociación con Titanus, TF1 y The Film Foundation. Financiamiento otorgado por Gucci y The Film Foundation

Funciones

P.P.

Por anunciar

Próximamente

Críticas

Primero lo primero: es cine del grande. No me gusta el montaje paralelo entre la pelea de Delon y el asesinato de Renato Salvatori, ya en el final, pero más allá de esta y otras objeciones posibles (que a nadie le importan) es notable cómo Visconti rebalsa los límites del realismo socialista con la intensidad melodramática de sus secuencias. Delon es el que se sacrifica y Salvatori el que se aprovecha: dos posiciones igual de falsas. El que está en la posición correcta y por eso cierra la película con una explicación al menor de todos los hermanos (que es a la vez el espectador) es el que se convierte en obrero de la Alfa Romeo, estudiante nocturno y novio responsable, toda una imagen del obrero serio que propiciaba el comunismo. Pero lo que hace de Rocco y sus hermanos una película extraordinaria no es el cumplimiento de ciertas ideas sino la intensidad alucinada de sus secuencias y sus personajes. Es decir, Delon y Salvatori. El héroe positivo está tan desdibujado que resulta indigno de memoria.

Así, el análisis de su filmografía habrá de llevarse a cabo en esos términos, de modo que no debe extrañar que Rocco y sus hermanos (1960) reciba el título de “novela cinematográfica”. Quien desee transitar los meandros de la exégesis elizondiana bien podría convertir esta monografía en su vademécum. Ahí están todos los cimientos: las tempranas lecturas de Georges Bataille y la afinidad por el nexo erotismo-muerte, que tan importante habría de ser en Farabeuf (1965); el interés por la articulación del discurso narrativo con otros ajenos a él (“narración son las cuevas de Altamira y el Finnegans Wake”, declara), técnica que ensayará en volúmenes de relatos como El retrato de Zoe y otras mentiras (1969) y El grafógrafo (1972); el análisis de las alegorías como elemento de construcción ya de personajes, ya de imágenes, aspecto que cobrará relevancia en su segunda novela, El hipogeo secreto (1968). Un enfoque similar trasluce en “La estética de Eisenstein”, donde también se revela un interés ulterior a lo fílmico.