Soundtrack para un Golpe de Estado


En los años sesenta, dieciséis países africanos recientemente independizados entraron a la ONU, lo que favoreció al polo opuesto a Estados Unidos. La película muestra cómo el Congo fue una arena de combate donde EUA recurrió a la influencia cultural del jazz para inclinar la balanza de la Guerra Fría a su favor.

Ficha técnica

  • Título original: Soundtrack to a Coup d’Etat
  • Dirección: Johan Grimonprez
  • País e idioma: Bélgica-Francia. Inglés, belga, francés, español
  • Año: 2024
  • Duración: 150 minutos.
  • Programa: Acervo
  • Edición: 2026
  • Distribución: Kino Lorber

Funciones

P.P.

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Críticas

Soundtrack to a Coup d’Etat presenta la historia como un cuerpo que supura: no es algo estático, inerte, algo que ya está dado. Todavía sigue ahí, todavía sangra. Las imágenes de archivos componen una coreografía de huesos yuxtapuestos, exponen la muerte, la sangre y el terror a través de un trabajo arqueológico en donde se recupera en el sonido de una época lo silenciado por la música de la opresión. Pero no se trata de la banda sonora oficial, ni de la música que el poder proclama como propia. Por el contrario, se recuperan en el montaje los eslabones perdidos y se reconstruye el discurso mostrando cómo ese arte proclamado como liberador es, en realidad, un agente activo de opresión.

El montajista Rik Chaubet alterna las voces y las presencias de esos grandes artistas (digamos, Armstrong con su “Black & blue” o su “I’m confessing”) con el puntilloso recuento del escenario político global de esa época –el nacimiento del movimiento de los No alienados–, con las particularidades históricas del Congo y la carrera ascendente de Lumumba, y todo lo anterior con los testimonios frente a cámara de antiguos operadores, espías y mercenarios occidentales que narran con toda honestidad (¿o desfachatez?) lo que hicieron para derrocar un régimen que les estorbaba a sus jefes en los pasillos del poder, en los palacios de gobierno, en los salones de los grandes negocios. Es una historia tan deprimente como indignante –el asesinato de Lumumba decidido por el propio presidente Eisenhower como un mal necesario por las presiones geopolíticas de la Guerra Fría–, que se vuelve un poco más soportable al ser acompañada por esa música, por esas canciones, por esos intérpretes, cómplices inadvertidos de un golpe de Estado a ritmo de blues y de jazz. Acaso el documental del año.

Banda sonora para un golpe de Estado es un intrincado y apasionante collage de imágenes, jazz y citas históricas alrededor del infructuoso sueño de un continente africano libre de la codicia y el expolio extranjeros. En el centro de todo está la memoria de Patrice Lumumba, el primer presidente del Congo independiente, que apenas pudo gobernar unos meses antes de ser ejecutado, con la connivencia de la CIA y del poder colonial belga, en enero de 1961 por el militar y futuro sátrapa Mobutu Sese Seko.